Numerosas conversaciones sobre IA este año giran sobre lo mismo: eficiencia. Hacer más, más rápido, con menos. Pero hay una pregunta que casi nadie se está haciendo: ¿y después de la eficiencia, qué?

En esta edición exploramos por qué la imaginación va a ser una ventaja para ir más allá de la productividad y eficiencia que la IA promete. Sobre todo, exploramos cómo la imaginación estructurada se convierte en parte de un proceso creativo al que se puede acceder deliberadamente, lejos de ser un golpe de suerte.

La Idea de la Semana

En un taller reciente de implementación de IA, al terminar la sesión un participante se me acercó y dijo algo que no pude soltar: "creo que lo que nos está faltando es imaginación."

Me quedé pensando: OK, sí, ¿y de dónde sacamos imaginación, cómo generamos nuevas imaginaciones? Pero hay algo previo a eso. ¿Qué limita la imaginación?

Dentro del pensamiento creativo se agrupan actitudes y factores que bloquean y otros que promueven que suceda:

Bloques que limitan

Estímulos que contribuyen

Seguir las reglas al pie de la letra

Salirse de las normas (de manera responsable)

Ver el juego como frívolo

Ser juguetón/lúdico

Concentrarse únicamente en la respuesta correcta

Concentrarse en explorar posibilidades

Juzgar y criticar

Aceptar otras ideas y las diferencias

Temerle al fracaso

Aprender del fracaso

Evitar los riesgos

Correr riesgos inteligentes

Resistencia a otras perspectivas

Colaborar buscando la ganancia mutua

Evitar la ambigüedad

Tolerar la ambigüedad

Rendirse demasiado pronto

Ser persistente

Preocuparse por el "qué dirán"

Tener motivación y enfoque internos

Ahora, una fórmula que hace notar la importancia de la imaginación como elemento de la creatividad. 

Solemos creer que los niños y niñas son más creativos que los adultos. Sin embargo, de acuerdo con la fórmula que propuso Ruth Noller, una de las figuras fundacionales del campo del pensamiento creativo, la creatividad no es un don, es una función interactiva (fa) entre tres elementos: conocimiento (K), imaginación (I) y evaluación (E).

Creativity = fa(K, I, E)

Ruth Noller fue una matemática estadounidense, programadora informática pionera y académica distinguida en el campo de los estudios de la creatividad.

Lo interesante de leerla así, como una función donde los tres elementos interactúan, es que ninguno funciona solo. No basta con tener imaginación desbordada si no hay conocimiento que le dé sustancia ni evaluación que la aterrice. Esta es la razón por la que los niños no son automáticamente más creativos en el sentido de poder generar productos creativos: tienen imaginación de sobra, pero les falta conocimiento y criterio para evaluar. La creatividad madura necesita los tres elementos operando juntos.

Esta forma de entender la creatividad es parte de lo que estudié al certificarme en Creative Problem Solving, y es justo el lente que vuelve tan interesante el momento que estamos viviendo con la IA, y hace aún más vigente la fórmula. 

La IA, bien aplicada, potencia enormemente el conocimiento y evaluación: acceso a información, síntesis, análisis de opciones, detección de patrones. Pero sigue siendo limitada en el ejercicio de la imaginación, concretamente la que nace de tu experiencia vivida, contexto y curiosidad y motivación. Prácticamente todas las personas, a través de la IA, pueden acceder a conocimiento y evaluación, y por ello, una diferencia sustancial estará en la imaginación.

A lo largo de los años he recibido muchas preguntas sobre cómo pienso, cómo tomo decisiones, cómo llego a cosas nuevas. Hoy, explorando el tema para este newsletter, caí en cuenta del valor que tienen las figuras lógicas en mi forma de pensar:  metáfora, dilema, paradoja, analogía y silogismo, entre otras tantas.

¿Por qué lo menciono? Porque tu experiencia de vida, lo personal y lo profesional, es la materia prima para imaginar. Y las figuras lógicas son valiosas herramientas que te permiten elicitar eso que ya viste, escuchaste y viviste, para ponerlo al servicio de crear algo nuevo: un proceso, una oferta, un portafolio de servicios, lo que sea. Lo exploramos de manera práctica en Hazlo esta semana.

De toda esta idea, lo que más me importa que te lleves es esto: tu imaginación, sumada a tu experiencia, es lo que te da ventaja frente a la IA.

¿Cómo te impacta la IA?

Hay un dato que conviene poner sobre la mesa: la IA no reparte sus beneficios a todas las personas por igual. 

Los estudios más recientes encuentran reducciones de entre 15% y más de 50% en el tiempo de completar tareas, con beneficios desproporcionadamente mayores para quienes tienen menos experiencia. A esto los investigadores le llaman compresión de habilidades

En el otro extremo, los más expertos apenas ven mejora, y en algunos casos hasta una ligera caída de calidad. En otras palabras: la IA está nivelando el conocimiento y la evaluación entre todos. Cuando esos dos factores se emparejan, lo que te queda para diferenciarte es justo lo que no se nivela con IA: tu imaginación y pensamiento creativo.

A corto plazo, la presión por sacarle provecho a la IA va a producir resultados medibles: más eficiencia y procesos acelerados. Y más rápido casi siempre se traduce en más ganancia. El detalle es que esos márgenes jugosos se van adelgazando con el tiempo, hasta volverse marginales

Es el patrón clásico de los rendimientos decrecientes, y también se relaciona con la diferencia entre mejora incremental y disrupción. La mejora incremental tiene un techo. La disrupción permanente es insostenible. ¿Entonces qué se hace?

Olas de innovación. Conviene gestar una nueva ola cuando la anterior comienza a desacelerarse, no cuando ya se desplomó. El problema es que la desaceleración suele ser más evidente en retrospectiva. Hoy no basta con actuar a posteriori, es necesario tener un tablero de señales que te avise a tiempo. Considera algunas posibles señales para tu caso, ¿cuáles te resuenan?

Si eres empleada o empleado: Entras a un puesto, llegas con ideas frescas, y todo lo que propones tiene impacto. Con el tiempo esas mismas estrategias siguen funcionando pero ya no mueven la aguja igual. Esa desaceleración es la señal. Y aquí tienes una ventaja que ni un consultor externo ni la IA tienen: conoces por dentro cómo funciona realmente la organización, sus cuellos de botella, lo que nadie documenta. Ese conocimiento tácito es tu materia prima para imaginar la siguiente ola. La trampa es responder a la desaceleración exprimiendo más lo viejo. La salida es usar lo que sabes para imaginar lo nuevo para tu área, el negocio, o tu perfil más allá de la organización. 

Si eres solopreneur o tú eres tu negocio: La señal suele llegar por el mercado: más competencia, un proceso de venta menos fluido, más ofertas parecidas a la tuya apareciendo alrededor. Tu ventaja aquí es la agilidad: puedes reinventar tu oferta mucho más rápido que una estructura grande. No esperes a que el margen se erosione del todo. El mejor momento para reimaginar tu propuesta es cuando estás vendiendo bien pero comienzas a notar cambios en el patrón.

Si eres estudiante: Quizá no tengas décadas de experiencia, pero eso juega a tu favor, y los datos lo respaldan: la IA beneficia más a quien tiene menos experiencia, justo porque le aporta el conocimiento que aún no acumula. Eso significa que tu mirada fresca, antes limitada por lo que no sabías, ahora puede apoyarse en la IA para lo técnico mientras tú aportas lo que a personas con más años se les dificulta: ver sin los sesgos ni los bloqueos que se instalan con el tiempo (vuelve a mirar la tabla de arriba). Una jugada concreta: investiga los retos reales de tu área de conocimiento y pregúntate cómo los resolverías tú, sin asumir que "así se hacen las cosas" y que no pueden ser de otras maneras. Muchas innovaciones de alto valor han nacido de alguien que todavía no sabía que algo "no se podía".

Si trabajas en proyectos de impacto o en una ONG/OSC: La señal aquí es sutil: cuando los mismos marcos metodológicos que produjeron resultados comienzan a generar las mismas soluciones una y otra vez. Teorías de cambio que se copian entre proyectos, diagnósticos participativos que llegan a conclusiones predecibles, propuestas que se parecen entre organizaciones del mismo sector. Eso no significa que las herramientas fallen, significa que están operando dentro de un techo. Y tienes una ventaja enorme: co-diseño, diálogos comunitarios, mapeo de actores. Todo eso es conocimiento profundo y catalizador natural de imaginación. El riesgo es usarlo solo para confirmar lo que ya sabes. Prueba correr tus mismas herramientas con una pregunta distinta: no "¿cuáles son las necesidades?" sino "¿qué sería posible para esta comunidad con recursos ilimitados y cero restricciones institucionales?" Misma herramienta, otro encuadre, y lo que emerge cambia.

Y algo que aplica a todos, sin importar el perfil: la habilidad clave no es solo imaginar, es notar el momento. Reconocer cuándo algo dejó de rendir como innovación y se volvió mantenimiento. Ese radar, saber cuándo seguir exprimiendo lo que funciona y cuándo toca empezar a imaginar lo que sigue, es en sí mismo una ventaja competitiva.

Hazlo esta semana

Al ejercicio de correr la imaginación con método, le llamo Imaginación Estructurada. Aquí es donde participan algunas figuras lógicas de las que te hablé antes.

Toma un reto real que traigas en la cabeza, algo que quieras crear o destrabar, y córrelo por tres figuras lógicas en una sola sesión de unos veinte minutos. Lo que harás será abrir, construir y verificar. En el Recurso de la semana te dejo el prompt listo para correr este ejercicio con IA, pero primero veamos cómo funciona cada paso.

1. Metáfora, para abrir. Lo que hace la metáfora es cambiar el nombre del problema. Y al cambiarle el nombre, le cambias las reglas. Cuando dices "esto es como...", tu mente deja de buscar soluciones dentro del marco original y empieza a operar con la lógica del nuevo marco. La psicología lo tiene documentado: se llama fijeza funcional, la tendencia a ver las cosas solo como lo que "se supone que son".

La metáfora rompe eso, te obliga a ver qué tiene tu problema en común con algo aparentemente desconectado. Y en esa conexión inesperada es donde aparecen ángulos que no veías. Lo que aporta al proceso: si llevas tiempo viendo tu reto de una sola manera y las soluciones que se te ocurren son siempre las mismas, la metáfora es una nueva posibilidad.

2. Analogía, para construir. Si la metáfora cambia el nombre, la analogía cambia el mapa. Lo que hace es buscar quién ya resolvió algo estructuralmente parecido en otro campo y traducir esa solución a tu contexto.

La clave, según la investigadora Dedre Gentner, es que lo que se transfiere no son las características visibles sino la estructura de relaciones entre los elementos. Por eso puedes tomar cómo una cadena hotelera resolvió la experiencia de llegada de un huésped y aplicar esa misma estructura o partes de ella a cómo recibes a un cliente nuevo en tu negocio. Los contextos no se parecen, pero el flujo sí. Lo que aporta al proceso: te ahorra inventar desde cero. La solución ya existe, o al menos partes de ella; falta encontrarla en otro lado y traducirla. 

Importante: las analogías no significan tomar elementos y hacer un Frankenstein, y mucho menos se trata de copiar ideas y disfrazar plagios de préstamos creativos.

3. Silogismo, para verificar. El silogismo es la prueba de lógica más simple que existe: si A es cierto, y B cumple con A, entonces C. 

Por ejemplo: "lo que no se practica, se olvida" (A). "No estoy practicando lo que aprendí en ese curso" (B). "Entonces lo voy a olvidar" (C). Si la conclusión no te cuadra, revisa objetivamente qué estás asumiendo. El valor está ahí: descubrir a tiempo si lo que crees cierto realmente lo es.

Exploremos un ejemplo de principio a fin. Imagina que tienes un restaurante que cuando abrió fue un éxito rotundo: filas, reseñas, boca a boca imparable. Pero han pasado tres años, la zona se llenó de competencia, y la clientela que era leal ahora rota entre opciones. Sabes que algo tiene que cambiar, pero no sabes qué ni hacia dónde.

Metáfora: "mi restaurante es como una banda que sigue tocando su primer álbum". De pronto el problema deja de ser "me falta publicidad" y se convierte en "no he sacado material nuevo, estoy viviendo de un éxito viejo". Eso cambia completamente el terreno de resolución.

Analogía: "¿quién resuelve bien el problema de reinventarse sin perder identidad?" Las casas de moda lo hacen cada temporada: mantienen los códigos de la marca pero renuevan la colección completa. ¿Qué sería una "nueva colección" para mi restaurante? Tal vez no cambiar el menú entero, sino crear una experiencia temporal que le recuerde a la gente por qué vinieron la primera vez, pero con algo que no esperaban.

Silogismo: "Los restaurantes que renuevan su experiencia periódicamente retienen a su clientela leal y atraen curiosos" (A). "Mi restaurante no ha renovado su experiencia en tres años" (B). "Entonces mi restaurante está perdiendo leales y no está atrayendo curiosos" (C). Si esa conclusión duele pero resuena, ya sabes dónde actuar. Si sientes que no es tan simple, revisa: ¿de verdad no has renovado nada? ¿O sí lo hiciste pero nadie se enteró? Ahí hay otra premisa que explorar.

Nota lo que pasa ahí: la IA te trae el conocimiento de otras industrias y te audita la lógica (K y E), pero la metáfora que de verdad sirve, la que conecta con tu situación, y el juicio de cuál analogía aplica a tu realidad, eso lo pones tú (I). Si dejas que la IA elija sola, te dará algo promediero, lo que le daría a cualquiera. Tu experiencia es lo que vuelve el resultado tuyo y no genérico.

Esta semana, una sola cosa: corre un reto por los tres pasos. En veinte minutos vas a haber hecho lo que la mayoría no hace nunca, imaginar a propósito en lugar de esperar a que se le ocurra algo.

Reflexión para llevar

Si tu experiencia es la materia prima de tu imaginación, entonces mientras más observas, más material tienes para imaginar. No siempre se trata de "más años", sino de más observación consciente. Y la observación se enciende con curiosidad. La curiosidad es lo que va ampliando tu terreno mental, ese suelo donde después puedes construir.

Por eso te dejo dos preguntas, no para responderlas rápido, sino para notar qué tan despierta anda tu curiosidad:

  • ¿Cuándo fue la última vez que algo te generó una pregunta que no pudiste soltar?

  • Si mañana desaparecieran todas tus obligaciones, ¿sabes qué harías con ese tiempo?

Si te costó responder, es una invitación. La imaginación empieza por volver a tener preguntas.

El Recurso de la Semana

Esta semana el recurso es el prompt de Imaginación Estructurada.
Abre un chat nuevo con tu IA y dale esto, llenando lo que está entre corchetes:

Vas a ayudarme a correr un ejercicio de Imaginación Estructurada sobre un reto real. Mi reto es: [descríbelo en dos o tres líneas]. Mi contexto y experiencia relevante: [lo que tú sabes y nadie más, tu sector, tus límites reales].

Hazlo en tres pasos y detente al final de cada uno para que yo reaccione antes de seguir:

1. Metáfora: proponme tres metáforas radicalmente distintas para reencuadrar mi reto. Por cada una, dime qué deja de ser el problema y en qué se convierte.

2. Analogía: identifícame tres industrias muy distintas a la mía que ya hayan resuelto el mecanismo de fondo de mi reto, y explícame cómo traducir su solución al mío.

3. Silogismo: construye una cadena lógica (premisa mayor, premisa menor, conclusión) sobre la solución que estemos perfilando, y señálame cuál es la premisa más débil que podría tumbar todo.

La IA está reduciendo las barreras de acceso al conocimiento y a la capacidad de evaluar; sin ellos la fórmula de la creatividad colapsa. Sin embargo, hacer más de lo mismo con IA no es innovación, es optimización. Y la optimización tiene techo.

Aquel participante del taller tenía razón: nos está faltando imaginación (para sacarle más provecho a la IA). Hoy mi invitación para ti es la de ejercitarla, fortalecerla y ponerla a trabajar deliberadamente. Y no esperes a que algo deje de funcionar para empezar a imaginar lo que sigue. El mejor momento para crear el futuro es cuando el presente todavía va bien.

Nos leemos en la edición 04.

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